28 de mayo de 2013


Verrà la morte e avrà i tuoi occhi

tenaces gotas de la incuria
metrónomo solapado de los sueños
 
mermas que nada ahogan

algún día vendrá a casa el plomero
a corregir tanto desagüe

y secará todas
 
mis metáforas húmedas


imagen: Vik Muñiz

26 de abril de 2013



El paisaje es la palabra de Dios (notas sobre "Hilo de pájaro" de Antonio Trujillo)
La exposición del cuadro Blanco sobre blanco del pintor abstracto Kasimir Malevich en 1918, a saber, de un cuadrado blanco pintado sobre un lienzo blanco, marcó el fracaso de la propuesta imposible del denominado movimiento pictórico suprematista: la abolición de la representación de lo real, de lo tangible en aras de la captura de lo inasible, del alma en un lienzo. Esta obra determinó un fin pero abrió una abismal fisura en el sistema de representación de lo real en la historia del arte. Este hito se vio acompañado en su momento por las voces de un grupo de poetas acmeístas, con Anna Ajmatova y Ossip Mandelstam a la cabeza, quienes proponían reemplazar el hermetismo, la polisemia y ambigüedad complicada de la poesía simbolista con la claridad en el lenguaje de lo retratado.

Tras este inciso referencial, ahora poso la mirada en este lado del mundo, alejándome solo un poco del gélido paisaje ruso y la afinco en una montaña del trópico caribeño, San Antonio de los Altos, para más señas,  no sin antes acuñar un breve texto de Anna Ajmatova como bisagra:
"El poeta no es humano, es tan solo espíritu,
aún ciego como Homero,
o sordo como Beethoven,
todo lo ve, todo lo escucha y lo domina." (versión de Belén Ojeda)
Pienso en cuál sensación me priva a la hora de evocar la poesía de Antonio Trujillo, sus poemarios son el canto sostenido de un paisaje, si el estilo de un poeta es su espíritu, como dice la argentina Diana Bellessi, en Antonio Trujillo ese estilo es blanca presencia hecha aliento y signo, escritura hecha oración a un Dios presente en los montes arropados por la neblina de Gulima. No por azar, sus libros están ordenados en el anaquel de la letra de la cruz de mi biblioteca.

Tengo en mis manos un “Hilo de pájaro” que pone voz a la niebla espesa, entrar en la lectura de la primera parte de este poemario supone despojarse de la creencia de que un hombre escribe, aquí habla el viento una lengua extraordinaria, como diría Enriqueta Arvelo Larriva, el poeta solo lija y pule en su taller de carpintería la voz de un murmullo que se impone. Las nociones de pájaro, de flor, de niebla, de árbol, se hacen la abstracción de lo que humanos todos, alguna vez entendimos fue el origen y lo guardamos en la comunal memoria: “Sin palabras/ la niebla/ ancestra el aire/ seduce al cielo/ y esconde/ los árboles/ en lo más blanco/ de la tierra.”

Si la tarea de la voz es permanecer atenta a lo ínfimo, a la tenue epifanía del crujir de un árbol que el fondo de un barranco cede, a tomar el hilo de un pájaro que teje la mañana, (los versos de Antonio siempre me abren la puerta a otros versos, de Joao Cabral, de Teófilo Tortolero), si el poeta toma pausadas notas de esa pequeña voz del mundo, aquí sucede que ese canto, de tan blanco, “(…) no avanza/ en la niebla/ se pierde/ y vuelve al árbol/ ajeno/ al misterio/ sin rastro”.Entonces nos cunde el silencio, una ascensión no escrita, y Malevich, aquel pintor del otro continente, al fin calla en paz, comprende y asiente. Sucede ante nuestros ojos el milagro de la representación imposible, hecha voz que enmudece.
La segunda parte de “Hilo de pájaro” está enunciada con el título Relámpago de madera, fechado en Icod de los vinos en abril del 2006. Lo conforman una serie de breves textos en prosa que dan cuenta de la vida y del oficio de un poeta carpintero. Antonio retoma esta vez el hilo de su poemario “Taller de cedro”, donde, al decir de Igor Barreto: “Antonio Trujillo es el doble de Antonio Cruz, su tío carpintero que llegó de las Islas Canarias”. Aquí se relatan las venturas y desventuras del oficio, el íntimo quehacer del trabajo del artesano, la alquimia del taller en esa vigilia de fondo que transforma la materia cruda de la vida en pieza pulida y sacra. Relámpago de madera revela la relación del poeta con sus maestros, la tradición literaria que remite al Taller Blanco de Eugenio Montejo o al libro de los oficios de Ana Enriqueta Terán. Taller donde toda herramienta es signo y ave: “dintel, gramil, celosía, garlopa, veta, voluta, espiga, cantil, hachuela, gubia, sangre de doncella (una madera),cantear, plomada, berbiquí, luna de espejo, nogalina, engrudo, torno, piedra de amolar, formón, tórtolo, botador, moldura, biselado, escofina, pascú, broca, escuadra y el compás de los doce años”.
 El poemario “Hilo de pájaro” es la conjunción del alma y del cuerpo en escritura, es la inmensa catedral que un ciego nos enseña, solo posible de asir en el cuadro blanco sobre blanco del poema. Celebremos esta epifanía, leamos pues y comulguemos en este encuentro con Dios.
 
Eleonora Requena, Abril, 2013
 

29 de diciembre de 2012


juegos de ficción

nadie escribe lo que alguien lee
mientras el día marca sus rituales
hay ruidos afuera y sordera adentro
flujos de luz acompasan las palabras
que una tras otra orean un paisaje
calla, dicen, abreva, sonríe al menos



imagen: Armando Reverón, Luz tras mi enramada, 1926

19 de octubre de 2012


 
 
y  acaso

el tallo

prenda  

en el tiesto

porque  la rosa

ya no
 
 
 
imagen:Roni Horn , As IX, 1988

3 de septiembre de 2012



 
la imagen de mi gato equilibrista en la cornisa no se basta

menos esta torpe idea de escribir un texto sobre estéticas audacias

aunque le conmine a entrar con tentadores artilugios

él insistirá en retar a su abismo de siete pisos

y yo a mi insuficiencia por asirle

20 de julio de 2012

la tachadura, tu severa escuela

esto se suprime, aquello otro se posterga

que impasibles roan su barbullo adentro
palabras adecentadas, salgan a pastar 

en pacífico orden, que las otras
a rumiar su verdad en voz baja


imagen: Antoni Tapies, Diana, 1972

15 de abril de 2012

y ya estando en el camino mellado, lejos de la pantomima

un provisorio sueño lo refrendará todo con su sello lacrado
no siempre el vino mancha los manteles

entonces unas pocas, éstas
que florecen al borde del atajo



imagen: Fernand Khnopff, Sous les arbres,1894

28 de marzo de 2012

salmodia de una mueca

cada vez entiendo un tanto y luego olvido lo que sé sobre apuntar, sobreleer la voz sobre mi voz o el eco, traducirse los fracasos precisa articular en un mascado familiar o transvasarse en un lugar al menos; yerros en cardúmenes violentos se deslizan en un flujo flatulento, solo ripios sin moldura esto.

imagen: Francis Bacon

18 de marzo de 2012


revolución lunar


con un adusto paraguas y en legítima defensa
los astrónomos viajeros pulverizaron al rey
de los hostiles selenitas

de Méliès

lo hicieron todo añicos, recuerdo de película
polvo astral

12 de marzo de 2012


     Un caos festivo, la rasca plural y envolvente, el mierdero en las calles, borrachos por las cunetas, hedentina a orines en los callejones, un trasnocho perenne y necesario. El trance al entrar en las comparsas que hacen su recorrido a cualquier hora por las atestadas calles del pueblo, suerte de laberinto donde se baila y se olvida. Al ritmo del calipso vas en la punta, cerca del carro donde retumban las cornetas, los tambores vibran en tu espalda, los rayos arañan, flamea alguna trompeta y un cantante hipnotiza a las serpientes. Adelante los diablos rojos y negros, enmascarados, baten sus látigos contra el suelo, abren el baile, le dicen al aire cómo hacerse embudo de la marcha danzante y solitaria, del gozo pleno con el propio cuerpo y compartido con un otro que te roza.
     Sólo tú y la multitud, la música acompasa un tiempo fuera del tiempo del afuera del baile. Danzas en el feroz y dulce tacto con lo ajeno, con alguien a tu lado, detrás de ti, adelante. Rotación de cuerpos, de rostros que ves y desaparecen, tráfico de trajines y sudores, ron para el aliño, agua que desde afuera salpica y tú bendices. Son las doce del mediodía, las seis de la tarde, la media noche. Un espacio atemporal se cuece adentro, sol o sereno sólo son matices  de un único compás; el de tu inocente soledad gozosa. Hasta que te cansas o requieres de otro trago, y salir a ese otro tiempo del reposo, del solas bajo una mata de mango. Todos los convocados saben a lo que han venido, tienen años asistiendo al lugar que los deslía, y sabios se guarecen en la sombra. Beben, fuman y ríen. Dormir lo necesario en hamacas o terribles catres, dos, tres horas y de nuevo a  arremeter contra el cansancio, a hacerlo oculto bajo  la embriaguez. 
     Viene la noche y de lo oscuro salen diablos que te cobran el favor de hacerte uno de ellos. Son espectros embadurnados de una dulce brea, un "medio" o te pintan la camisa, el rostro si no les das unas monedas. Corres, temes. Brilla en sus espaldas toda la luz de la luna. Cuando dan contigo o tú con ellos y con una caricia te ennegrecen, nada importa; ya manchada el ánima y al fin libre, te les unes en el aquelarre.
     Hasta el amanecer se suceden más comparsas, la de la madrugada, la de la agricultura. Viene el sol a castigar los ojos y a demostrarte cuán alocada fue tu noche, tanto como la de todos, eres un ángel desmemoriado, un cuerdo despojo de ti mismo. Eso es el carnaval, un serio asunto con tus límites, un arrabal de sensaciones últimas y primorosas, una complicidad con la ruindad y lo divino.

2 de febrero de 2012




el todo-ojo ve
y se ve
párpado adentro
allí aún más
sin miramientos


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Pienso en Ireneo Funes, quien padecía el mal de una percepción exacerbada, las palabras le pulsaban, debía nombrar la reducción del infinito, y temprano, a los veiticuatro años lo salvó el olvido.

imagen: Toma fija de "Film"(1964)de Samuel Beckett

22 de enero de 2012


“La fotografía no rememora el pasado (no hay nada de proustiano en una foto). El efecto que produce en mí no es la restitución de lo abolido (por el tiempo, por la distancia), sino el testimonio de que lo que veo ha sido. Ahora bien, este es un efecto propiamente escandaloso. Cada vez la Fotografía me sorprende, me produce una sorpresa que dura y se renueva inagotablemente.”
Roland Barthes
ellos, como nunca los vi
como entonces ellos
como ahora ellos ante mí


¿Aprender? no sé, no se aprende el amor, pero sí se ensueña en una expectación que se hace un hilo ansioso, curioso, hasta que al fin aquello nos toca y todo restalla ¿Y antes de ese soplo, cuando éramos solos, sin astilla que escindiera con su flama y nos hurgara más? Era ellos, amándose u odiándose en una casa, ellos inconstantes, zahiriéndose en voz baja, para que nosotros, niñitos abrigados del dolor, demandantes niños que nada saben, que solo escuchan, mitigantes en la mesa, despiértense ya,  báñense, a la escuela, tómense la sopa, duérmanse.
Sostengo entre mis manos esta fotografía de mis padres en la playa con el mayor de los cuidados, su materia es blanda y candente. Allí están, distraidos, son entonces, instaurados, suspendidos para siempre en una tarde brumosa: él y sus cervezas, y su risa, y su placidez, está enterrado en la arena, la tía como siempre, empina la alegría, hay una niña detrás de todos, como emulando, proyectando con su torso a un futuro ¿quién sería?  Y ella, sentada sobre él y frente a mí, absorta, dulcemente imbuida, ajena de sí,  contemplándole.
Pienso en ese instante áureo cuando Barthes al fin reencuentra a su madre en la imagen justa de la niña retratada en un Invernadero en Chennevieres-sur-Marne, así la mirada de mi madre, extraña y feliz, pedagoga amante


10 de enero de 2012




Incendio mi prisión. Tiro mis vestidos al fuego. Arrojo al reloj que fue mi corazón fuera de mi pecho. Salgo a la calle, vestida con mi propia sangre.
Heiner Müller. Máquina Hamlet



-En otro lugar abro la senda, ahora desliza entre los juncos nada

-Voluntad, me contrarías
debí vivir por siempre para al fin disolverme


- Suéltenme, deténganme, al barro debo ir, al fondo

 -Quise desaparecer pero el silencio trama en leves ondas

-Ellos con sus sierpes, con sus culpas, con su miedo
todo ha de saberse y de fingirse
soy laida, la presencia infame


-Al cabo de otro tiempo
ineluctablemente

¿germinaré?

-Incorruptibles voces orlan un festín de ratas
Ya murió, ya murió, ¿Ha qué más dolor?


-No soy ella, la silente y torva, la sin voz

-Soy mi propio gesto anegado, la fantasmagoría de un encanto 
la niña, la puta, la suicida, la alocada

carne fresca para los perros



imagen: Madeleine Lamaire, Ophelia, 1880

16 de diciembre de 2011

tras dejar el fuelle

y soltar los pocos tientos
que quedaban

desaparecer es ilusorio puerto
el silencio es circulo de fuego

sitio de mí
el ardiente cerco

Imagen: Fernando de Szyszlo, Sol negro, 1999

4 de noviembre de 2011


Coming to this
Mark Strand
Hasta este lugar hemos llegado, pares en asombro y cierta vaguedad, hicimos lo acordado con exacto tino, sostuvimos con decoro las fracturas, alimentamos nuestros miedos hasta exponer lo oculto. Lo que alguna vez fue un núbil brote, ahora se erige irremediable, maduro en sólidos racimos: Hiel y ardor van de la mano entre las tinieblas. Somos el almidonado escombro del temblor, acaso la certera imagen de lo que otrora, el amor entreveró en algún destello.



 En principio se trata del retrato de Henrique Avril y de su esposa tomado en el año 1908, ambos posan ante la cámara en una aparente estudiada pose. Vemos dos aspectos resaltantes en este retrato, en el extremo derecho a la pareja, él, de pié, recuesta su brazo izquierdo sobre una cámara fotográfica de trípode, prueba irrefutable del oficio que lo ocupa, su mano derecha se oculta en el bolsillo del pantalón, luce un elegante traje de paltó, chaleco, corbatín y sombrero. Mira con cierto aire desafiante al foco. La esposa, trajeada con una falda larga, blusa drapeada y sombrero, sostiene entre sus piernas una sombrilla, es la dama que acompaña a su señor. Su mirada se centra en otro lugar fuera del encuadre. Está sentada sobre lo que constituye el segundo elemento que destaca en la imagen, las enormes raíces brotadas de la tierra de un gran árbol que desde el extremo superior izquierdo de la toma, se extienden hasta ocupar la mitad posterior del cuadro. El escenario que rodea a la pareja es un paisaje tropical, boscoso, al fondo algunas humildes casas.
Ambos, inmersos en la fronda agreste que los enrama, parecieran ajenos al paisaje. No obstante están ahí, ataviados con las prendas que supone el orden, devorados por el natural, diríase  feroz anatema que los devela.

30 de octubre de 2011

Tequilas de los auditorios murmurantes
es de legos en asuntos de la voz
dar cuenta de la propia y de la ajena:
peripecias en cordones vocativos
tenues inflexiones de registro oscuro
moras con la sombra de la auto-
representación
---

calle y oiga lo que digo
quien moroso merodea el precipicio
nada sabe del perdón
confinaos al silencio de la alondra
que hablo yo




imagen: Daumier, One says that the parisiens, 1864

7 de agosto de 2011




los peligros de la tarde

en un tren sin cortapisas
al ocaso medianero de mis pasos, chu, chu

llegan sapos, saltan ranas
colindantes al dolor, croac, croac

en la amena nadería de esta copa rebosada
al fin nado como un pez, glub, glub



imagen: Hans Arp, 1923

28 de junio de 2011


se deshizo la tarde
sobre qué se suponía que iba a escribir
sobre la tarde
sobre la tarde deshecha
sobre escribir deshecha sobre la tarde
o sobre escribirme, supongo.




imagen: Paul Klee, Sonido antiguo, Abstracto en negro, 1925