
Máquina de vapor para la corrección celerífera de las niñas y de los niños.
“Se avisa a los padres y madres, tíos, tías, tutores, tutoras, maestros y maestras de colegios, institutos y a todas las personas en general que tengan niños perezosos, golosos, rebeldes, revoltosos, insolentes, pendencieros, acusones, charlatanes, irreligiosos, o con cualquier otro defecto, que el señor Croquemitaine [Todos éstos son personajes de la mitología infantil truculenta francesa. T.] y la señora Briquabrac acaban de instalar en cada cabeza de distritro de la ciudad de París una máquina semejante a la representada en este grabado, y que reciben todos los días en sus establecimientos, desde las doce de la mañana hasta las dos de la tarde, a todos los Niños malos que necesitan ser castigados. Los señores Loupgarrou, el carbonero Rotomago y Mange sans faim, y las señoras Penthere furieuse, Ganache sans pitié y Bois sans soif, amigos y parientes del señor Croquemitaine y de la señora Briquabrac, instalarán en breve Máquinas semejantes para enviarlas a las ciudades de provincia, a las cuales se transladarán cuanto antes ellos mismos para dirigir su funcionamiento. Lo barato del castigo aplicado por la Máquina de vapor y los efectos sorprendentes que produce animarán a los padres a servirse de ella siempre que la mala conducta de sus hijos así lo exija. También tenemos internado para los niños incorregibles, a quienes alimentamos con Pan y Agua.” Grabado de fines del siglo XVIII
(Colecciones históricas del I.N.R.D.P.)
Michel Foucault, "Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión.", Lámina 29.
2 comentarios:
Claro, como diría Foucault, para la economía del poder es más rentable y más eficaz vigilar que castigar.
¡Excelente!
Menos mal que no me lo dieron a probar...
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