Coming to this
Mark Strand
Hasta este lugar hemos llegado, pares
en asombro y cierta vaguedad, hicimos lo acordado con exacto tino, sostuvimos
con decoro las fracturas, alimentamos nuestros miedos hasta exponer lo oculto.
Lo que alguna vez fue un núbil brote, ahora se erige irremediable, maduro en sólidos
racimos: Hiel y ardor van de la mano entre las tinieblas. Somos el almidonado
escombro del temblor, acaso la certera imagen de lo que otrora, el amor
entreveró en algún destello.
En principio se trata del retrato
de Henrique Avril y de su esposa tomado en el año 1908, ambos posan ante la
cámara en una aparente estudiada pose. Vemos dos aspectos resaltantes en este
retrato, en el extremo derecho a la pareja, él, de pié, recuesta su brazo izquierdo
sobre una cámara fotográfica de trípode, prueba irrefutable del oficio que lo
ocupa, su mano derecha se oculta en el bolsillo del pantalón, luce un elegante
traje de paltó, chaleco, corbatín y sombrero. Mira con cierto aire desafiante
al foco. La esposa, trajeada con una falda larga, blusa drapeada y sombrero,
sostiene entre sus piernas una sombrilla, es la dama que acompaña a su señor. Su
mirada se centra en otro lugar fuera del encuadre. Está sentada sobre lo que
constituye el segundo elemento que destaca en la imagen, las enormes raíces brotadas
de la tierra de un gran árbol que desde el extremo superior izquierdo de la
toma, se extienden hasta ocupar la mitad posterior del cuadro. El escenario que
rodea a la pareja es un paisaje tropical, boscoso, al fondo algunas humildes
casas.
Ambos, inmersos en la fronda
agreste que los enrama, parecieran ajenos al paisaje. No obstante están ahí,
ataviados con las prendas que supone el orden, devorados por el natural,
diríase feroz anatema que los devela.
1 comentarios:
Es curioso: la primera vez que vi la fotografía, supuse la presencia de un individuo a medio desenterrar, de costado, ostentando sus costillas...
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