4 de noviembre de 2011


Coming to this
Mark Strand
Hasta este lugar hemos llegado, pares en asombro y cierta vaguedad, hicimos lo acordado con exacto tino, sostuvimos con decoro las fracturas, alimentamos nuestros miedos hasta exponer lo oculto. Lo que alguna vez fue un núbil brote, ahora se erige irremediable, maduro en sólidos racimos: Hiel y ardor van de la mano entre las tinieblas. Somos el almidonado escombro del temblor, acaso la certera imagen de lo que otrora, el amor entreveró en algún destello.



 En principio se trata del retrato de Henrique Avril y de su esposa tomado en el año 1908, ambos posan ante la cámara en una aparente estudiada pose. Vemos dos aspectos resaltantes en este retrato, en el extremo derecho a la pareja, él, de pié, recuesta su brazo izquierdo sobre una cámara fotográfica de trípode, prueba irrefutable del oficio que lo ocupa, su mano derecha se oculta en el bolsillo del pantalón, luce un elegante traje de paltó, chaleco, corbatín y sombrero. Mira con cierto aire desafiante al foco. La esposa, trajeada con una falda larga, blusa drapeada y sombrero, sostiene entre sus piernas una sombrilla, es la dama que acompaña a su señor. Su mirada se centra en otro lugar fuera del encuadre. Está sentada sobre lo que constituye el segundo elemento que destaca en la imagen, las enormes raíces brotadas de la tierra de un gran árbol que desde el extremo superior izquierdo de la toma, se extienden hasta ocupar la mitad posterior del cuadro. El escenario que rodea a la pareja es un paisaje tropical, boscoso, al fondo algunas humildes casas.
Ambos, inmersos en la fronda agreste que los enrama, parecieran ajenos al paisaje. No obstante están ahí, ataviados con las prendas que supone el orden, devorados por el natural, diríase  feroz anatema que los devela.

1 comentarios:

Leo Mercado dijo...

Es curioso: la primera vez que vi la fotografía, supuse la presencia de un individuo a medio desenterrar, de costado, ostentando sus costillas...