10 de enero de 2012




Incendio mi prisión. Tiro mis vestidos al fuego. Arrojo al reloj que fue mi corazón fuera de mi pecho. Salgo a la calle, vestida con mi propia sangre.
Heiner Müller. Máquina Hamlet



-En otro lugar abro la senda, ahora desliza entre los juncos nada

-Voluntad, me contrarías
debí vivir por siempre para al fin disolverme


- Suéltenme, deténganme, al barro debo ir, al fondo

 -Quise desaparecer pero el silencio trama en leves ondas

-Ellos con sus sierpes, con sus culpas, con su miedo
todo ha de saberse y de fingirse
soy laida, la presencia infame


-Al cabo de otro tiempo
ineluctablemente

¿germinaré?

-Incorruptibles voces orlan un festín de ratas
Ya murió, ya murió, ¿Ha qué más dolor?


-No soy ella, la silente y torva, la sin voz

-Soy mi propio gesto anegado, la fantasmagoría de un encanto 
la niña, la puta, la suicida, la alocada

carne fresca para los perros



imagen: Madeleine Lamaire, Ophelia, 1880

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